lunes, 29 de junio de 2015

Convocatoria Lupa


Hola a todos

Esta semana Enrique nos propone el tema sobre el que escribir.

Se trata de un dialogo  entre seres, entre dos seres no animados.

en su caso ha escogido una piedra y un cardo, podeis leerlo en la entrada anterior, pero podéis hacrerlo sobre lo que queráis. 

Así que poneros manos a la obra y a teclead.

viernes, 26 de junio de 2015

Dialogo para sordos


Dialogo para sordos                                    

 

- ¿Tu no tienes sed ?- Pregunta el cardo a la piedra
- ¡Yo no ¡ - contesto esta.

¿Por Que me lo preguntas?
Pues, porque hace un calor que achicharra hasta los cardos

- No será para tanto-  replica la piedra.
Lo que yo te diga. Llevamos varios días viendo al Jefe en su recorrido por el arco y  cada dia pasa mas sofocado y a mi me reseca las hojas con las que me protejo, y tengo sed, empiezo a tener mucha sed.

 
- Yo no tengo ese problema- replica la piedra,

-Mis problemas son otros. Aquí, ahora estoy contenta.
Tenemos buenas vistas  sobre el valle , junto a un sendero que acerca a las gentes a la montaña y que siempre esta animado  y lo suficientemente lejos de él para no ser molestados.

- Si- contesta el cardo - pero no siempre es así. Porque cuando suben en grupo se salen del sendero y a mi muchas veces me han pisoteado  ,pero sin tiempo a enderezarte te vuelven a pisar y repisar; lo pasas fatal durante días, si esto se da en días como hoy ,cuando el Jefe pasa sofocado , pues es duro , muy duro.

- Que me vas a decir a mi- apunta la piedra. - Uno de estos que suben, que para mi son todos iguales, con una cachaba de madera reforzada con punta de metal golpeo a la piedra donde yo estaba, separándome de la que supongo era mi madre aunque nunca me lo dijo.

Luego todo fue esperar, tanto los que subían como los que bajaban por el sendero , todos te impulsaban  hacia abajo .

Ahora desde hace ,quien sabe cuanto tiempo , estoy bien , a gusto contigo, que no hablas mucho, aunque  en días como hoy me quitas la humedad de debajo que me permite afianzarme al suelo.

 Pero que se le va hacer, tengo claro cual será mi destino, ahora bien peor es el tuyo con las vacas.

-Ni me las menciones- se agita el cardo-

 Parecen  tontas, que no te ven ,pero…..

Si te arrancan entras en una cavidad donde unas enormes muelas te empiezan a machacar a la vez que vas viajando alejándote de tu casa.

 Luego te aparcan en un compartimiento con otras hierbas, y cuando al Jefe esta en lo alto paran y  vuelven a pasarte por la zona de muelas, posteriormente con otras hierbas unas mas quejicas  que otras te llevan a una gran caldera donde te constriñen y destiñen, para posteriormente ver la luz por la zona mas alejada de la boca (que es por donde entramos). Te sueltan desde importante altura, claro que bien rodeado de nutrientes que amortiguan la caída y una vez tomado tierra te permiten volver a crecer.

Pero dime piedra ,como dices que sabes cual va a ser tu destino? . Eso es mucho saber.

-Te lo contare.

Hemos visto pasar al Jefe varios ciclos, unas veces sofocado como hoy, otras abrigado por las nubes que unas veces permiten ver su cara y otras no –

Cuando el abrigo es oscuro, llora en forma de gotas de agua o de copos de nieve, cuando las gotas se mueven hacia el rió lentamente me empujan y cada dia estoy mas cerca del borde del precipicio.

Cualquier día, cuando el Jefe se nos presente de nuevo con el abrigo  negro llorará,   ese dia yo iniciare mi viaje, aunque de hecho ya lo inicie cuando aquella  cachaba reforzada me golpeo en la espalda.

Como no te acordaras me preguntaras ¿dónde vas?
. Si puedo, me girare y te sonreiré. Sigo mi viaje te diré, ¿recuerdas?  .y caeré por el borde del abismo hacia el rió
Allí cubierto de agua, no tengo ninguna perspectiva, solo puedo esperar.
Porque, y eso es seguro, antes o después una riada me empujara riachuelo abajo hacia un rió más caudaloso.
 En este movido viaje, perderé esquinas y llegare redondita y bonita al mar, aunque también mas pequeñita.
Si tengo suerte, cuando la  mar se compadezca de mi, me soltara en una playa y esa será mi última morada.
Tampoco esta tan mal, con tres meses de estío cada año , seré visitada y envidiada  por cantidad de personajes de todo tipo, cuando buscan el refrescante baño, para combatir las sofoquinas del Jefe.
Mas siempre tendré  el terror, de las posaderas de las comadres metidas en carnes, cuando  se dejan caer sin delicadeza sobre la rubia arena de la que formare  parte

 

Enrike Lodeiro

 

                                                                      

jueves, 25 de junio de 2015

LA PRIMERA VEZ QUE...




La primera vez que volé en sueños fue una sensación cotidiana; simplemente tenía interés en llegar pronto a no sé qué lugar y de forma natural y espontánea, con un ligero salto hacia arriba e inclinando la cabeza hacia delante, me quedé suspendida en el aire.

Era como si me hubiera sumergido en un medio espeso y poco a poco rompiendo la inercia de mi quietud, fui moviendo los brazos para ir avanzando, cada vez un poco más rápido y un poco más alto, hasta fluir sin apenas rozamiento, acariciada tan solo por una ligera brisa.

El problema vino después, cuando al despertar no pude discernir entre la realidad y el sueño. Es más, aún pienso que volar es una facultad natural, al menos en las mujeres de mi familia. Mi abuelo decía que su mujer y su hija, “eran mujeres de altos vuelos” y que habitualmente estaban en las nubes, porque nunca tenían los pies en la tierra.

Hoy, aquí, en la cima del Txarlazo, con la ciudad de Orduña a mis pies voy a poner a prueba mis facultades.

Si por cualquier motivo falla el parapente, caeré soñando que vuelo.



Henar.-









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sábado, 20 de junio de 2015

LA PRIMERA VEZ QUE

                                               LA PRIMERA VEZ QUE
La primera vez que me senté ante una página  en blanco, fue tras la cena de Nochebuena de un año cualquiera.
La tarde había transcurrido dentro de la normalidad del día, la alegría reinante incitaba a disfrutar y contagiaba al espíritu. Olentzero, trikitixa, regalos, niños y alguna lágrima cuando éstos eran acercados al barbudo personaje.
La fiesta del Carbonero terminó, y a la vez que los mocosos se retiraban con sus regalos, otra fauna  formada por adultos de ambos sexos tomaba las calles. Ese par de horas mágicas donde abrazas a tus amigos, les deseas lo mejor, y como  rosario se van descolgando hacia sus iluminadas viviendas, para  pasar con los suyos las siguientes horas.
Me quedé con él, los dos vivíamos junto aquella la plaza repleta de bares. Compartimos el último trago  en silencio, brazo sobre hombro  después de haber brindado y  dentro de una burbuja de intimidad. Nos felicitamos por encima  de la algarabía.
La cena, en casa con mi esposa, como siempre. Un hijo nos acompañaba; el otro seguía ese mismo  rito en casa de sus suegros. No hay nietos, poco ruido. La noche iba desgranando las horas tras el pesado ágape, y tras animada conversación, esta fue decayendo, y con ella las primeras ausencias del salón.
Me quedé solo, salí al balcón y  valoré la felicidad de mis vecinos por las luces que aprecié encendidas. Miré a su casa y estaba plenamente iluminada; buena señal--pensé. Volví  al sofá, e inicié un zapping a la caza de algún programa que me relajara en estas horas de  incomoda  digestión. Me dormí,” siempre me duermo”, y entre sueños me pareció oír el canto del  teléfono, presté atención, pero la llamada no se volvió a repetir,  “falsa alarma” --pensé.
El sopor se volvió a apoderar de mí, el teléfono sonó de nuevo. Esta vez exige mi atención.
Descolgué con impaciencia, no quiero que  se despierte la casa. Tras la línea, sollozos y dos palabras arrancadas del alma  de su esposa. “! Ha muerto!”.
Volví  al balcón y escudriñé su casa de nuevo. Las luces seguían encendidas y se apreciaba movimiento tras las cortinas, abatí la mirada y ante su puerta arrancaba  ya el coche fúnebre camino del tanatorio.
Me metí en la cama, sabía que la viuda estaba acompañada por su familia, no pude dormir. No había forma de digerir  semejante  tragedia. Miré el reloj  y éste marcaba  las 6 de la mañana. No habían pasado diez horas desde su último abrazo y  aquel sonoro “Egu Berri On” lleno de vitalidad.
Me incorporé, con la casa a oscuras para respetar el descanso  familiar, llegué al ordenador.
 Y  con la  propia luz de la pantalla, comencé a  escribir, como terapia para mí  afligido ánimo ---
                                                                                                                                                             Enrike Lodeiro

                                                                              --FIN--

viernes, 19 de junio de 2015

LA PRIMERA VEZ QUE...

La primera vez que me regalaron un teléfono móvil no me hizo una especial ilusión, corría el año 1993 y yo no le encontraba realmente sentido a eso de llevar un teléfono en el bolso (que ilusa era), a pesar de ello, como era de esperar, puse buena cara y hasta creo que fingí bastante bien.

Me pasé casi toda la mañana metiendo en el susodicho telefonito todos los nombres y números de familiares y amigos más allegados, tarea harto difícil dado el tamaño de las teclas del aparatito y sobre todo interminable; porque encontrar las letras y conseguir que una vez marcadas la que se quedase grabada fuese exactamente la que necesitaba y no la anterior, o la posterior, o uno de esos dichosos simbolitos que no sabía ni lo que eran, me resultó una tarea imposible.

Una vez conseguido, ¡Por fin!, llegó el momento de comunicar a todas esas personas la maravillosa noticia del día, (desde el teléfono fijo, por supuesto, que siempre es mas manejable), mi nuevo número en el que a partir de entonces estaría disponible para todos y cada uno de ellos, a cualquier hora del día o de la noche y durante todos y cada uno de los momentos de lo que me restara de vida para lo que gustasen.

Después de tan ardua tarea pensé que me tenía bien merecido un descanso así que me fui con mi marido y mi niña pequeña a disfrutar de un café en una terraza junto al mar (que eso siempre relaja mucho), pero ese día parece que todo se confabulaba contra mi y estaban muy ajetreados en el lugar porque sonaba constantemente el teléfono y nadie tenía tiempo de cogerlo

Era ya la la quinta o sexta vez que aquel repetitivo sonido incordiaba el sosiego del lugar cuando me comenta mi marido :

-Es una pena que con la tranquilidad que se respira aquí no pare de sonar el teléfono.

-Si, es cierto, podía cogerlo de una vez alguno de los camareros- le contesté yo un poco indignada porque el molesto "ring" rompía la paz de aquel maravilloso lugar, a lo que él me contestó con toda la seriedad que requería el momento.

-Estoy seguro de que cualquiera de ellos lo haría encantado, pero creo que ninguno se atreve a meter la mano en tu bolso