viernes, 19 de junio de 2015

LA PRIMERA VEZ QUE...

La primera vez que me regalaron un teléfono móvil no me hizo una especial ilusión, corría el año 1993 y yo no le encontraba realmente sentido a eso de llevar un teléfono en el bolso (que ilusa era), a pesar de ello, como era de esperar, puse buena cara y hasta creo que fingí bastante bien.

Me pasé casi toda la mañana metiendo en el susodicho telefonito todos los nombres y números de familiares y amigos más allegados, tarea harto difícil dado el tamaño de las teclas del aparatito y sobre todo interminable; porque encontrar las letras y conseguir que una vez marcadas la que se quedase grabada fuese exactamente la que necesitaba y no la anterior, o la posterior, o uno de esos dichosos simbolitos que no sabía ni lo que eran, me resultó una tarea imposible.

Una vez conseguido, ¡Por fin!, llegó el momento de comunicar a todas esas personas la maravillosa noticia del día, (desde el teléfono fijo, por supuesto, que siempre es mas manejable), mi nuevo número en el que a partir de entonces estaría disponible para todos y cada uno de ellos, a cualquier hora del día o de la noche y durante todos y cada uno de los momentos de lo que me restara de vida para lo que gustasen.

Después de tan ardua tarea pensé que me tenía bien merecido un descanso así que me fui con mi marido y mi niña pequeña a disfrutar de un café en una terraza junto al mar (que eso siempre relaja mucho), pero ese día parece que todo se confabulaba contra mi y estaban muy ajetreados en el lugar porque sonaba constantemente el teléfono y nadie tenía tiempo de cogerlo

Era ya la la quinta o sexta vez que aquel repetitivo sonido incordiaba el sosiego del lugar cuando me comenta mi marido :

-Es una pena que con la tranquilidad que se respira aquí no pare de sonar el teléfono.

-Si, es cierto, podía cogerlo de una vez alguno de los camareros- le contesté yo un poco indignada porque el molesto "ring" rompía la paz de aquel maravilloso lugar, a lo que él me contestó con toda la seriedad que requería el momento.

-Estoy seguro de que cualquiera de ellos lo haría encantado, pero creo que ninguno se atreve a meter la mano en tu bolso